Si esta Navidad estás buscando un plan que no sea solo turrón, luces y villancicos… sino también risas, misterio y algún que otro pecado venial perfectamente perdonable, entonces esta comedia que presenta el Teatro Muñoz Seca es para ti. Porque, sinceramente, ¿qué mejor que celebrar las fiestas con una obra que ya desde el título nos advierte lo inevitable?: estas Navidades… Que Dios nos pille confesados.

La trama es un auténtico regalo navideño envuelto con papel brillante y una enorme cinta roja de enredos. El padre Beltrán (interpretado por un divertidísimo Josema Yuste) llega a visitar a la marquesa Pilar, que presume de un tesoro artístico tan valioso como sus joyas sociales: un cuadro del siglo XVII que es básicamente el Niño Jesús de los cuadros caros. El inspector, seguro de sí mismo, asegura que las medidas de seguridad son tan buenas que ni los Reyes Magos podrían entrar a traer regalos si quisieran.
Pero claro, siempre hay un pastor despistado en el pesebre. Y aquí ese papel lo ocupa el fontanero Floren, que llega con su caja de herramientas y una sospecha a la que el padre Beltrán no quita ojo: este hombre quizá no sabe arreglar un grifo… pero igual sí sabe llevase un cuadro. Chapucero, sí, pero ladrón al fin y al cabo. Y ya sabes lo que dicen: en Navidad todo el mundo quiere su detallito… aunque sea robado.

A partir de ahí se arma un Belén, pero uno muy poco tradicional. Un Belén con policías, cacos, sospechas, líos amorosos, estafas y hasta un cirio que aparece en el peor momento posible. Aquí todos tienen algo que esconder, todos tienen una tentación rondando y todos están un poquito más cerca del infierno que del portal… pero tranquilos, que para eso está la risa, el humor y, por supuesto, el padre Beltrán.
Lo mejor de todo es que la obra tiene ese espíritu festivo que tanto se agradece en estas fechas: es rápida, ingeniosa, llena de giros y perfecta para desconectar del estrés navideño sin dejar de sentir que estás celebrando algo. Una comedia que mezcla lo sagrado con lo profano, lo elegante con lo disparatado, lo clásico con lo muy, muy actual.

Así que si quieres regalarte un plan navideño diferente, divertido y con más gracia que el villancico de tu primo, no lo dudes: ve a ver esta obra. Te prometo que saldrás confesado de la risa, absuelto de cualquier preocupación y listo para seguir celebrando.
Porque esta Navidad, más que nunca…
mejor reír, disfrutar y dejar que Dios nos pille confesados.
